CONSEGUIDO
Mi amigo Juana G. pongamos por caso, me dice que debemos estar orgulloso de lo que hemos conseguido en nuestra existencia.
Él admite que emigró sin nada, siendo un crío, a la capital y empezó a trabajar de pinche de cocina.
No era nada, sólo un hijo de labrador de un semidesértico pueblo castellano donde cualquier día se comerían los terrones por que no había más.
Ahora está casado, tiene dos hijos que han estudiado en la universidad, un chalecito vivienda, un coche gama media y una jornada laboral estable con su nómina también estable, veraneo, estudios primarios y derecho a voto.
Los problemas también le visitan, pero nada comparado con los que tendría si hubiera seguido en ese pueblecito, donde ya no conoce a nadie, donde nació.
¿Debemos estar orgullosos? Tal vez sí, sobre todo si nos hacemos la ilusión que lo poco conseguido, que no es popo, lo hemos conseguido por nuestro propio esfuerzo, pero no hay forma de sacarme de la cabeza que cualquier triunfo, por pequeño que sea, supone una derrota para alguien que ni conocemos y que tal vez esté a miles de kilómetros.
Pequeños triunfos, pequeñas derrotas, es nuestro día a día; crepúsculo constante de quien les cuenta.
Hay días que sin mover un sólo dedo nuestro estado de ánimo es el de un ganador de gran slam y otros esforzado al máximo nuestras fuerzas no pasamos de la humillación, por que toda derrota, por pequeña que sea, hiere y humilla nuestro entender.
Por la mañana estaba por los suelos aunque me intentaba reconfortar con la felicidad de mi amigo Juan G., sin éxito.
¿Dónde ha ido el optimismo?

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio