Tenía que decirlo.
Recuerdos de un piso por Fuencarral, vacío de muebles. En un casete sonaba una cinta con las canciones que decían rescató García Lorca y Falla. Eran los años setenta y escuchábamos con devoción.
Que poco hacía falta para disfrutar. Aun no conocíamos el espíritu crítico, los conflictos internos y de grupo y podíamos presumir de disfrutar de cada instante por más sencillo y banal que pudiera parecer.
Un chiste que no venía a cuento, una ocurrencia de lo más tonto, cualquier hecho cotidiano era elevado y ensalzado al sumo, y magnificado era recordado y reído durante días.
Tal vez sea demasiado ingenuo, simple, pero después de tanto tiempo entre estructuras tan complejas, relaciones tan complicadas y formas tan técnicas, la verdad que gozar de nuevo de lo simple me alegra.
Todo hay que vivirlo para poder comprenderlo, por lo que ni aquello ni esto me parece rechazable aunque no creo que haya que llegar a clavar un cuchillo, como dicen que hizo Miguel Ángel para ver el rostro del sufrimiento. Para esto tengo la imaginación, la hipótesis y el arte.


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